Accidente de tránsito: Volver a empezar

mayo 26, 2017
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Recientemente la Organización Mundial de la Salud, OMS, definió los accidentes de tránsito como una epidemia mundial y, por primera vez en su historia, los incluyó entre los problemas sanitarios de máxima preocupación.

Pero ¿qué consecuencias tienen los accidentes en los sobrevivientes y en sus familiares?, ¿qué consecuencias tienen en los lesionados y cómo es la vida de una familia en la cual las víctimas quedan con secuelas para siempre?

Los padecimientos y cambios después del accidente son radicales y una persona deberá pasar mucho tiempo para superar el estrés postraumático, así como las secuelas físicas, legales y económicas, explica la psicóloga Julia de Recinos, de la Liga de Higiene Mental.

En Guatemala no existen estadísticas para determinar cuántos guatemaltecos sufren secuelas temporales o permanentes a causa de los accidentes de tránsito. Pese a ello, la Policía Nacional Civil reportó que el año pasado ocurrieron dos mil accidentes automovilísticos.

Ante esa magnitud de percances, la directora del Hospital de Rehabilitación del IGSS, doctora Leticia Castellanos, señala que sólo ese centro asistencial atiende unos 5,000 pacientes al año, de los cuales el 30 por ciento son víctimas de traumas severos.

Clodoveo Castro, de 69 años, es un claro ejemplo. Viajaba en su camión repartidor cuando un trailer invadió su carril y lo embistió. Ya no supo más, hasta unos días después, cuando en el hospital recibió la noticia de que su esposa había muerto en el accidente y sus dos nietas, quienes viajaban con él, aún se encontraban internadas en estado grave.

Clodoveo vive una serie de complicaciones por el accidente. Para caminar requiere de un andador, tiene estrabismo en el ojo izquierdo, requirió un implante de cadera, sufrió cinco infartos y fue necesario practicarle varias cirugías debido a una lesión en el hígado. Su vida cambió por completo.

Julio Cortez también se suma a la lista de quienes sufren las secuelas de un accidente. El asistió a una fiesta y sus amigos lo invitaron a un par de copas . Luego decidió manejar para regresar a su casa. En una curva, sólo sintió que el carro se salió de la cinta asfáltica e impactó contra un árbol. Hoy, tres meses después, aún no ha logrado salir del Hospital General de Accidentes, del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS.

Su pierna izquierda debió ser amputada, a pesar de los esfuerzos de los médicos por salvarla. Una complicación en las múltiples fracturas provocó una infección en el hueso. Su pie derecho está sostenido con unos clavos hasta que sus huesos logren soldar y su mano derecha tiene varias fracturas. Difícilmente volveré a ser el mismo de antes , expresa, acostado en una camilla del IGSS, con la mirada perdida.

Un descuido en un instante puede dejar secuelas para toda la vida.

Paola Jimena es otra de las víctimas que empieza de cero. Un accidente automovilístico le produjo un traumatismo encéfalo craneano severo, TEC, que la dejó sin movilidad del lado derecho y sin poder caminar ni hablar por mucho tiempo.

Ella fue la más perjudicada de los cuatro jóvenes que iban en el auto. Yo tenía 16 años y era excelente alumna en el colegio. Con el accidente todo cambió. Perdí todo eso , expresa.

Luego de 22 días inconsciente inició un proceso de rehabilitación. Durante dos años estuvo en tratamiento con neurólogos, terapistas del lenguaje y psicólogas, quienes se tomaron la tarea de volver a enseñarle todo lo que había olvidado. Al parecer, Jimena lleva una vida normal, aunque siempre hay cosas que le cuesta recordar y hacer, dice.

Las terapias para rehabilitarse pueden durar desde un mes hasta dos años, dependiendo de los traumas.

Comenzar desde cero

Para el doctor Arturo García Aquino, jefe del Departamento de Traumatología y Ortopedia del Hospital de Accidentes del IGSS, un buen porcentaje de las personas que sufren un trauma, como el caso de Jimena, tienen la suerte de rehabilitarse y salir adelante, pero otros deben cargar con muchas secuelas para toda la vida.

El galeno explica que durante su carrera lo más doloroso para él ha sido ver cómo muchas de las víctimas que llegan a ese hospital, casi un 70 por ciento, son jóvenes entre 17 y 35 años quienes ven truncados sus sueños y futuro, pues presentan lesiones cerebrales que les dejan secuelas motoras, de lenguaje, cognitivas, amputaciones y lesiones musculares.

La doctora Leticia Castellanos explica que el camino a la rehabilitación es un proceso el cual puede durar desde un mes hasta un año o más dependiendo de las fracturas o traumas.

Por ejemplo, un paciente con múltiples traumatismos, desde la cabeza hasta los miembros inferiores, tarda como mínimo un año para rehabilitarse después de la hospitalización.
La profesional explica que esto implica terapias físicas como entrenamiento de marcha, para fortalecer los miembros superiores o inferiores, terapias del habla y ocupacionales para recuperar habilidades y manipular objetos pequeños.

Sin embargo, a otros les es muy difícil recuperarse, pues han sufrido lesiones medulares o traumas craneoencefálicos que sólo el tiempo y las terapias pueden borrar, aunque no siempre , expresa la jefa de Fisioterapia de la Unidad de Medicina Física y Rehabilitación del Seguro Social, la fisioterapista Rosa María Cruz.

El ánimo es una cualidad indispensable para salir de la etapa crítica y se dé paso a la rehabilitación.

Un sufrimiento continuo

Además de las pérdidas económicas, a los sobrevivientes y familiares les cambia la vida radicalmente. Todos ellos, según estudio elaborado por un grupo de expertos, padecen trastornos y sufrimientos, pérdida de interés, ataques de ansiedad, fobias, trastornos alimenticios, ira, resentimiento y sentimientos suicidas.

A parte, trastornos en el patrón de sueño y una creciente falta de confianza en la recuperación de una vida normal, sobre todo cuando existe una incapacidad parcial o total para valerse por sí mismos.

Muchos de ellos incrementan el consumo de productos psicotrópicos, como tranquilizantes y tabletas para dormir, y cuando pasan por la escena del suceso el pánico se apodera de ellos, generando angustia y desesperación, explica la psicóloga de Recinos.

Para el doctor Héctor Ramírez, jefe de enfermería del IGSS, un accidente llega a afectar el aspecto físico de las personas y a su ser interno. De manera que la persona, acostumbrada a ciertos automatismos como caminar, hablar o comer, tiene que volver a funcionar muchas veces como bebé, pero siendo un adulto.

Por otra parte, el propio accidentado atraviesa momentos de impotencia entre hacer o no uso de los beneficios secundarios: el ser cuidado, protegido, atendido como un ser diferente y sentirse molesto, incómodo, hasta enojado por la dependencia, algo abruptamente nuevo para él y por tanto rechazado, explica la psicóloga Julia de Recinos.

Esto puede llevarlo a tener exigencias desmedidas contra quienes lo cuidan y puede activar deseos de venganza y sadismo, agrega la psicóloga. Ante ello debe requerir la ayuda de un profesional de la psicología, un psiquiatra o grupos de ayuda.

En medio de todo, la doctora Castellanos asegura que un buen porcentaje de los pacientes ingresados a ese centro asistencial, logran salir de esa compleja etapa y aceptan el proceso de rehabilitación con la ayuda de un grupo multidisciplinario de profesionales.

Este es el ejemplo de Maricela, de 28 años, quien luego de un accidente con un camión, sufrió un trauma craneoencefálico que la dejó con lesiones cerebrales. Tuvo que abandonar sus estudios y la esperanza de graduarse de ingeniera química. Hoy, con mucha dificultad, está aprendiendo a hablar y a caminar nuevamente. Cada día estoy mejor, me pongo metas y las voy cumpliendo poco a poco , expresa.

Felipe Castillo también muestra su espíritu de perseverancia. Luego de que el automóvil en el que viajaba se saliera de la cinta asfáltica y diera varias vueltas, debió abandonar sus estudios de ingeniería civil e iniciar un duro proceso de rehabilitación que se extendió por alrededor de un año. Sin embargo, aunque tiene que vivir en una silla de ruedas, se siente recuperado y estudia el último semestre de la carrera que ama.

En fin, ponerse al mando de un vehículo no significa sólo pisar el pedal del acelerador, los 2,000 accidentes ocurridos el año pasado deben llevar a una seria reflexión, para no cargar con sus graves secuelas.

Un costo muy alto

Brindar atención integral a los pacientes con secuelas severas tiene un costo económico elevado. La directora del IGSS de Rehabilitación explica que cerca del 50 por ciento del presupuesto de ese centro asistencial, se destina a la recuperación de los afectados con lesiones graves.

Cada uno de los pacientes tiene un tratamiento especial. Puede necesitar de una hasta tres sesiones de terapia al día. De esa cuenta un politraumatizado podría necesitar hasta un año, según lo que indique el médico fisiatra.

Cada sesión implica no sólo ejercicios físicos, sino también otras modalidades de tratamiento como ultrasonidos, exámenes, apoyo psicológico, psiquiátrico, emocional y más.

A la par hay pacientes que necesitan una o más prótesis y cada una de ellas puede costar hasta Q15,000.

Esta atención en el plano privado es mucho más cara. Cada sesión de tratamiento puede alcanzar los Q150.00. Esto sin contar los gastos de hospitalización y procedimientos quirúrgicos posaccidente.

En medio de todo, los expertos aseguran que es difícil cuantificar costos globales, porque todo depende del tipo y cantidad de traumas, pues no todos los pacientes toman el mismo tiempo para recuperarse. Por ejemplo, en un adulto el tratamiento puede durar hasta seis meses, mientras en un adolescente o niño bastan unos tres meses.

No obstante, el médico consultado calcula que lo desembolsado por un paciente en atención privada, oscila entre los Q.28,000.00 y los Q.228,000.00 sin tener en cuenta otros gastos adicionales como exámenes, rayos X, medicamentos y las terapias de rehabilitación.

En el aspecto económico familiar, un accidente de tránsito tiene serias implicaciones puesto que la víctima, con una media de edad de 33 años, ya ha recibido educación, desempeñado una profesión, está en la cima de su vida productiva y tiene dependientes a su cargo.

Además el afectado y su familia se enfrentan a nuevos desafíos: la pérdida del trabajo, necesidad de nuevas capacitaciones, pérdida de la vivienda, endeudamientos por los gastos de medicamentos y tratamientos.

Jeovany Ibáñez

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